Historia de la fotografía: De la cámara oscura a la fotografía digital

¿Eres amante de la fotografía? Hoy en Cubamodela te proponemos un poco de historia. Y es que la invención de la fotografía no fue cosa de una sola persona y mucho menos se hizo en un solo día: decenas de inventores han contribuido a este bendito e iluminador invento, que a día de hoy aún sigue mejorando con nuevos modelos de cámaras, más compactas y de mejor calidad.

La palabra fotografía proviene de los vocablos griegos phos (“luz”) y graphos (“escrito” o “grabado”), de modo que se trata de una escritura con luz o una grabación hecha con luz.

Antecedentes de la fotografía

La idea de capturar imágenes y preservarlas ha acompañado al ser humano desde épocas ancestrales. Es el fundamento de la aparición de la pintura, la escultura y, más adelante, la fotografía. Hubo intentos antiguos por conseguir capturar una imagen de forma automática, sobre todo mediante el principio de la cámara oscura, que es el mismo de las cámaras fotográficas.

La cámara oscura es un espacio cerrado o recinto, totalmente oscuro, en el que penetra la luz por una abertura en uno de sus costados y proyecta una imagen invertida de lo que ocurre en el afuera. Este principio era conocido desde los tiempos de Aristóteles (alrededor de 300 años a. C.) o más adelante del estudioso árabe Alhazén (alrededor del 900 d. C.).

Las primeras publicaciones al respecto datan del siglo XV, como parte de la Revolución Científica en que participaron filósofos como Leonardo DaVinci.

Las primeras imágenes fotográficas

A pesar de estos intentos, la primera cámara no se desarrolló hasta el siglo XIX. Como bien te explicábamos, la cámara oscura fue un dispositivo que se usó durante siglos como entretenimiento.

Partiendo de este principio, el inventor Joseph Nicéphore Niépce mejoró este prototipo y dentro de la caja instaló una placa cubierta de betún que se endurecía con el contacto de la luz. Una vez terminado el proceso, se limpiaba el betún que no había endurecido y la imagen permanecía.

La historiografía reconoce que en 1826 Niépce consiguió crear una imagen fija del patio de su casa. A esta imagen la denominó heliografía y se considera la primera fotografía de la historia. Sin embargo, la cámara oscura todavía podía mejorar.

Desde la invención de la fotografía no fueron pocos los interesados en mejorar la técnica desarrollada por Niépce, pero uno destacó entre ellos.

Louis Daguerre es a quienes muchos nombran cuando se pregunta quién inventó la cámara y es que después de enterarse de los descubrimientos de Niépce, se puso en contacto con él para firmar un acuerdo y compartir información, dado que el propio Daguerre también estaba experimentando con la cámara oscura.

No sería sino hasta el año de 1839 cuando se crearía la primera cámara fotográfica, póstuma a Niépce quien había fallecido en 1833. Esta sería la máquina de fotografía conocida como daguerrotipo, bautizada así en honor a su inventor.

Esta nueva técnica permitía hacer retratos, y fue la forma más conocida de fotografía durante mucho tiempo. Sin embargo, al mismo tiempo y sin conocerse otros inventores como Hércules Florence, Hippolythe Bayard y William Fox Talbot estaban estudiando sus propios métodos para obtener impresiones semejantes.

El más notorio fue Henry Fox Talbot, quien experimentó con otros materiales. Apenas unos días después de la presentación del daguerrotipo anunció que había descubierto el papel sensible a la luz.

Del daguerrotipo al negativo fotográfico

La principal ventaja de este sistema, llamado calotipo, es que el papel se convierte en un negativo de la imagen que puede utilizarse para hacer copias de la fotografía.

El colodión húmedo consistía en verter un barniz llamado colodión sobre una placa de vidrio muy limpia y pulida. El colodión era previamente sensibilizado en nitrato de plata, expuesto todo al mismo procedimiento de la cámara oscura. Una vez realizada la captura, se procedía al revelado en sulfato de hierro amoniacal.

Desde 1855 esta técnica se convirtió en la más empleada y los fotógrafos llevaban encima los implementos para fabricarla, lo cual era aparatoso e iba en contra de la fragilidad de las láminas de vidrio. Finalmente fueron desplazadas por las “placas secas” al gelatino-bromuro.

Llegó el gelatino-bromuro

Inventadas en 1871 por Richard Leach Maddox y perfeccionadas en 1878 por Charles E. Bennet, constituían un salto adelante respecto al colodión húmedo. Permitía obtener negativos en vidrio que se podían positivizar sobre papel para hacer copias de la foto.

Esta técnica empleaba también láminas de vidrio que eran recubiertas de una solución de bromuro de cadmio, agua y gelatina sensibilizada con nitrato de plata, y luego expuestas en una cámara oscura a la imagen que se deseaba capturar.

Con las “placas secas” se permitió emplear materiales secos y reducir el tiempo de exposición a un cuarto de segundo, algo muy cercano a la posterior fotografía instantánea.

¿Y la fotografía a color?

Debemos decir que durante el siglo XIX se intentó obtener fotografías a color. La primera fue obtenida por James Clerk Maxwell en 1861, a través de la toma de tres fotografías consecutivas con un filtro rojo, azul y verde cada una, para luego superponerlas en una proyección y obtener los colores deseados.

Sin embargo, no hubo forma de fijar los colores a la foto y generalmente las fotografías del siglo XIX y principios del XX eran coloreadas a mano, usando acuarelas, óleos u otros pigmentos.

La primera placa fotográfica a color fue patentada en 1903 por los hermanos Lumière, y llevada en 1907 a los mercados comerciales bajo el nombre de Autochrome.

El salto tecnológico

Ya para 1920 el inventor y fotógrafo alemán Oskar Barnack introdujo al mercado la cámara Leica, que empleaba un nuevo formato de película: el 35 milímetro, conocido también como formato Leica o formato Barnack.

Este formato revolucionó la industria fílmica y del cine. Consistió en una película pequeña, del formato 135 de 35 milímetros de ancho, con una relación de aspecto de 3:2 y un tamaño en la diagonal de unos 43mm.

Por su parte el flash o iluminador se empezó a usar a principios del siglo XX. Consistía en una mezcla de polvos finos de magnesio que se encendían con un detonador, produciendo una pequeña explosión que iluminaba los alrededores, pero también una nube de gases tóxicos.

Más adelante, y dejando atrás la toxicidad del antiguo método, en 1930 se inventó la lámpara de flash o flash de bombilla, un aditamento inicialmente externo, que empleaba electricidad para generar la descarga de luz.

El último grito de la moda: Fotografía digital

La siguiente revolución de la fotografía no llegó hasta cuarenta años más tarde con las cámaras digitales, que no almacenan las imágenes en carretes sino en una memoria que se puede descargar en un ordenador.

Estas cámaras han mejorado mucho desde su aparición, cuando tenían una resolución muy baja y solo podían tomar fotos en blanco y negro.

En los últimos diez años hemos visto cómo las cámaras analógicas casi han desaparecido y cada vez hay menos cámaras digitales, pero hoy se hacen más fotografías que nunca.

Así, no hace falta “escanear” o digitalizar las imágenes, y además se las puede intervenir empleando software especializado. Por si fuera poco, las cámaras digitales permiten pre visualizar la foto y decidir si conservarla o tomarla de nuevo. Además, nos brindan ayuda electrónica de toda índole, como autofoco, corrección de ojos rojos, etc.

Estamos delante de la última revolución de la fotografía: la cámara del móvil, accesible para la mayoría y cada vez de mejor calidad.

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